El Teatro Guimerá albegará los días 30 y 31 de marzo el musical de La Sirenita, un versión vanguardista y medioambiental dirigida al público familiar para toda la familia donde los personajes que creó el escritor Hans Christian Andersen cuentan esta divertida aventura que va desde el mar hasta la Tierra aportando valores como el cariño por la naturaleza y la importancia de su cuidado mediante el reciclaje.
El musical ha sido valorado como uno de los mejores espectáculos para toda la familia gracias a su mensaje y calidad artística. Escrito y dirigido por Jesús Sanz-Sebastián, ganador del premio CREA en los premios del Teatro Musical, el espectáculo cuenta con una cuidada puesta en escena, maravillosos vestuarios y voces en directo que crearán momentos inolvidables; todo a ritmo de grandes números musicales que van desde el pop al soul.

Las entradas, desde 15 euros, se pueden adquirir en la taquilla del Teatro Guimerá de martes a viernes laborables, de 11:00 a 13:00 y de 18:00 a 20:00 horas. También se pueden comprar por teléfono llamando al 922 609 450 o a través de la web www.teatroguimera.es.

‘La Sirenita, una aventura ecológica’
El joven príncipe Andersen no sabe qué hacer para remediar el mal causado por el ser humano durante cientos de años a la Naturaleza. Todas las noches las pasa en el puerto buscando una solución para su pueblo ya que los polos se derriten y el mar cada vez gana más terreno a su reino.

A pesar de la gravedad de la situación, su padre, el rey, tiene otras preocupaciones en mente, está obsesionado por casar a su hijo tal y como marcan las leyes establecidas.

Todo cambia cuando Pelo, una joven sirena que cada noche observa al príncipe, arriesga su vida convirtiéndose en humana para revelar a Andersen todos los secretos sobre el reciclaje. Pero para ello, debe pactar con la bruja del mar: tendrá tres días para conseguir el amor del príncipe o se convertirá en espuma de mar.

Andersen, junto a Pelo y todos sus amigos, descubrirán el poder de la colaboración y cómo separar los residuos, un gesto que tan solo dura 2 segundos, puede convertirse en una forma de amor hacia la Naturaleza y, por lo tanto, hacia los demás y uno mismo.