Si
lees u oyes todas las propuestas dirigidas a convertir Santa Cruz en una ciudad
visualmente más agradable, casi todas se centran en mejorar la limpieza,
recuperar el patrimonio histórico o la famosa Ordenanza de Paisaje Urbano, con
la que se persigue unificar criterios estéticos y regular algunos  aspectos como las fachadas de los edificios de
la ciudad, la instalación de antenas y aparatos de aire acondicionado y la colocación
de vallas publicitarias. Sin embargo, echo de menos que se ponga sobre la mesa cartas
tan relevantes como el problema de la mendicidad, que para mí no solo afecta a
la imagen de nuestras calles sino que abarca una dimensión social en lo que al
derecho de cualquier persona de tener una vida digna se refiere.


No es plato de buen gusto para nadie ver algunos episodios desagradables como los
que me ha tocado vivir últimamente de tener que recular en el Pasaje Peligros, debido a que ningún tipo de persona
con la más mínima sensibilidad olfativa podía soportar el hedor de aquella vagabunda, o ser espectador de como un chaval en situación
de indigencia se sacaba “la chorra” en un árbol de la calle Pérez Galdós, cual
perro.
Lo peor es que no son estampas comunes de ahora sino que se han ido perpetuando
a lo largo del tiempo y los servicios sociales no han puesto remedio, en mi mente está aquella señora que se desnudaba a plena
luz del día para bañarse en cualquiera de las fuentes del centro o la habitual reunión
de portadores de tetra bricks de Don Simón en la Alameda del Duque de Santa Elena. Algunos ejemplos están en que es raro el santacrucero al que David no le haya pedido “un eurito” con motivo
de su cumpleaños o no haya sido invitado por Santos a darle la mano.
Tanto es así, que pocas veces te puedes sentar en una terraza sin que te irrumpa alquien con un supuesto embarazo, con el modelo reconocido de cartel de cartón
o el que ha perdido la cabeza y no sabe hacer otra cosas que pedir. Con esto vuelvo
a reiterar que buscar una solución es necesario para mejorar el entorno de la
ciudad y el derecho de estos humanos a vivir como tales. Las casas pintadas
lucen mejor con alegría en las calles.
ESCRITO POR: CARLOS MIRABAL