Foto: José Alberto Díaz-Estébanez León
El Cabildo, a través del Consejo Insular de Aguas de
Tenerife (CIATF)
ha concluido la rehabilitación del puente de El Cabo, una
actuación con la que da respuesta a una demanda histórica de la ciudad y que es
fruto del consenso entre las dos administraciones implicadas: Cabildo de
Tenerife
y Ayuntamiento de Santa Cruz que optaron por restaurar y no derribar
esta infraestructura histórica, símbolo para la ciudad.

El puente de El Cabo forma parte del entorno declarado Bien
de Interés Cultural (BIC) por lo que el proyecto de rehabilitación ha respetado
ese valor histórico, al tiempo que permite mejorar el tránsito del agua y se
hace más accesible.
En el acto de inauguración estuvieron el presidente del
Cabildo, Carlos Alonso; el alcalde
de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez; el consejero de Aguas de la
Corporación Insular, Manuel Martínez; el gerente del Consejo Insular de Aguas
de Tenerife, José Fernández Bethencourt; representantes de la Tertulia 25 de
julio, autoridades municipales, insulares y eclesiásticas y público en general.
Alonso señaló que un puente es “una obra de fábrica que
también representa un símbolo” que, en el caso del puente de El Cabo, une dos
referentes: iglesia con museos. “Simboliza un tránsito entre lo antiguo y lo
nuevo”, dijo el presidente que añadió que el objetivo ha sido “buscar
soluciones nuevas que conjuguen ambas riquezas”. En referencia al Consejo
Insular de Aguas, que ha llevado a cabo esta obra, señaló que también ha sido
“puente eficaz en estos 20 años entre el sector del agua”.
Para el alcalde José Manuel Bermúdez, el puente es un paso
histórico para la ciudad que había que preservar. “Hemos logrado una solución
adecuada que conjuga la seguridad del cauce con el valor patrimonial de
edificios históricos. El Cabildo es el mejor aliado de Santa Cruz”.
La actuación llevada a cabo reduce el riesgo hidráulico,
garantizando la capacidad del cauce y una mayor integración del puente con su
entorno. Con la nueva intervención del Cabildo, a través del Consejo Insular de
Aguas, se ha conservado la pila central de sillería basáltica, desplazándola al
estribo izquierdo. Se ha recuperado la estructura original de acero, tratándola
superficialmente, y se han enhebrado dos nuevas vigas metálicas en el interior
de las celosías, que compensan la pérdida de capacidad resistente de la
estructura original por el paso de los años. Como  pavimento se ha utilizado un entablonado  de madera de IPE y se ha resuelto el
encuentro con la ciudad por medio de unos podios de piedra natural que albergan
escaleras, rampas y gradas.
Con estas acciones se consigue mejorar la capacidad desagüe
del barranco duplicando su capacidad de caudal (pasando de los 131 metros cúbicos
por segundo a los 281), con lo que se consigue que el riesgo de que se produzca
un desbordamiento pase de 14 a
a 58 años. El objetivo del Cabildo es seguir trabajando para que el barranco
logre una capacidad de 469 metros cúbicos por segundo.
Esta actuación se incluye en el plan extraordinario de
inversiones de la Corporación Insular y su importe ha sido de 1.008.266 euros.
Su objetivo es resolver la anomalía hidráulica y mejorar la calidad del
entorno, aplicando soluciones de consenso y teniendo en cuenta la relación
tráfico-peatón-aparcamientos en las calles adyacentes.
El puente conecta los dos márgenes del barranco de Santos
entre la calle Padre Moore y la entrada principal del Museo de la Naturaleza y
el Hombre. El desarrollo urbanístico de la zona en el último siglo provocó un
estrechamiento del barranco original que pasó de los 27 a los 18 metros, lo que redujo
su capacidad de desagüe bajo la pasarela, un riesgo en caso de lluvias
intensas.

Historia

La construcción del puente de El Cabo fue una de las
necesidades más perentorias que tuvo la isla tras la conquista castellana, con
el fin de garantizar la comunicación entre la nueva capital y su puerto, que
comenzó a desarrollarse en torno al primitivo caserío de Santa Cruz.

El antiguo camino a La Laguna nacía en la Caleta de Blas
Díaz (actual Plaza España) y, tras salvar el Barranco de Santos en el entorno
de la Iglesia de Nª. Sª. de la Concepción, ascendía por su margen derecha para
llegar a la ciudad principal de la isla. Construido en madera, el puente
permitió superar el obstáculo representado por el cauce, que llevaría un
importante caudal de agua durante buena parte del año. Se desconoce la fecha
exacta de su primera fábrica, aunque el puente aparece ya citado en documentos
del siglo XVII.

Las frecuentes avenidas invernales del barranco provocaron
que fuera destruido o sufriera graves daños en repetidas ocasiones. Las continuas
dificultades del Cabildo, primero, y del Ayuntamiento santacrucero, más tarde,
impidieron mejorar las precarias condiciones que siempre tuvo el puente.

La solución definitiva llegó en 1892 cuando, por iniciativa
del arquitecto municipal Antonio Pintor y Ocete, se encarga a Barcelona un
puente de acero, que sería inaugurado en septiembre de 1893. El puente tenía
una pila central de sillería basáltica y dos vanos laterales de 12 metros cada uno. El
tablero estaba formado por perfiles y pletinas laminadas de acero no soldable,
con uniones mediante roblones y tornillos, tal y como era habitual a finales
del siglo XIX. El pavimento original estaba conformado por adoquines, que
posteriormente fueron cubiertos con aglomerado asfáltico.

Vídeo: www.canaltenerifetv.com