Este viernes 24 de abril tendrá lugar, a las 20:00 horas,  la inauguración de una muestra de las últimas
pinturas sobre tabla y esculturas del artista tinerfeño Andrés Delgado en la
galería de arte Marvick, situada en el número 54 de la calle San Vicente Ferrer
del santacrucero barrio de El Toscal.

Delgado, quien reside actualmente en Madrid,  ha realizado exposiciones individuales y
colectivas en España, Alemania, Holanda y Estados Unidos; situación que no le
ha llevado a perder el vínculo con el lugar en el que nació y al que tiene
necesidad de regresar continuamente.

El sur insiste
Porque los dos tienen razón, ser insular es muy blanco y muy tenso. Tiene razón
el cubano José Lezama Lima cuando, en su Coloquio
con Juan Ramón Jiménez
, sostiene que el hambre de horizonte, un
“sentimiento de lontananza”, preside la vida de los isleños, cuyo centro de
gravedad se sitúa, entonces, en “la resaca marina”. Y tiene razón el tinerfeño
Andrés de Lorenzo-Cáceres cuando, en su
Isla de promisión
, defendía, por el contrario, y en los mismos años treinta
del siglo pasado, que un “sentimiento de verticalidad”, con la mirada fija en
el interior de la Isla, es el centro de gravedad del ser insular. Son actitudes
complementarias que dejan la partida en blanco. Hay, por eso mismo, bloques de
caliza que quisieran partir desde la orilla mar adentro y bloques de salitre
que se adentran en las medianías, ese lugar sin síntesis, donde los isleños
marcan sus distancias con el propósito, acaso, de continentalizar las islas… En
ese cruce irresoluble hay que contemplar esta serie meridional de Andrés
Delgado.

Sus paisajes, inconfundiblemente isleños, se han caracterizado siempre por ser,
al mismo tiempo, el objeto que se mira y el lugar por donde se mira, para que
el ojo elija. El pintor de Güimar nos invita la contemplación de la materia
insular desde esa frontera blanca, sin que nunca sepamos si es del color de la
lava líquida o de la espuma sólida. Como el padre fraternal y empático (nunca
autoritario) de uno de los más célebres cuentos de Eduardo Galeano, la misión
del artista es enseñar a mirar; invitar, con su propuesta, a abrir los ojos