Son muchas las modas que a lo largo de décadas se han ido
repitiendo en el tiempo; pantalones de campanas, gafas de aviador al más puro
estilo años treinta, o la Polaroid más instantánea. Tras creer que “en cuestión
de gustos ya está todo inventado”, las grandes marcas se apuntan a la moda
vintage.


Es tanta la información de la que disponemos en la actualidad que las modas son
cada vez más y más completas, como suele decirse “hay gente para todo”; grupos
y páginas en Facebook en pro de los objetos más modernos y extravagantes, blogs
que se hacen eco del “hipster” más chic, revistas especializadas en despertar
la nostalgia de muchos con cualquier objeto que evoque al pasado o la
tecnología más avanzada con la carrocería de antaño.


Hace poco más de diez años el uso de la raíz “retro” iba acompañado del
sustantivo “grado” y se usaba con un tono despectivo. Apelaba en numerosos
casos a aquellos padres con ideologías costumbristas, en general, a todo
aquello pasado de moda.

Pero hoy en día son, precisamente, aquellos que no vivieron el presente de lo
que hoy denominamos retro los que han mantenido este culto hacia modas pasadas.
Son parte de los jóvenes del siglo XXI los que demandan en todos los sectores
una estética de otra época. Según Ramoni Hassani, gerente de la conocida tienda
de Lalo Electrónica, son cada vez más las marcas que escuchan estas demandas y
adaptan los productos más novedosos en cuanto a tecnología a una estética
basada en el siglo pasado.

Este tipo de comercio, con más de cincuenta años de antigüedad en las calles de
Santa Cruz, ha podido apreciar el cambio cíclico en la estética de sus
productos. Radios con acceso USB que no se distinguen de las que veíamos en los
salones de nuestros abuelos, teléfonos que antes sostenían actrices como Audrey
Hepburn, ahora en la mesa de nuestros despachos o, tocadiscos para escuchar al
Rey del rock a través de un vinilo, mediante CD o, tras descargárnoslo, en un
pen drive…

Escrito por: PAOLA BONILLA